Arte ciudadano
22 junio, 2026
Colofón: dos días para imaginar con arte el futuro que viene
Durante dos días, la Fundación Daniel y Nina Carasso celebró en Infinito Delicias el festival Colofón, que reunió los ocho proyectos de la primera edición de su programa de ayudas Arte por venir. Concebido como un momento de apertura, el encuentro permitió compartir con el público un año de investigaciones, procesos y metodologías artísticas en curso, a través de conversaciones, proyecciones, performances, talleres, música, escucha, comida y dispositivos abiertos en el espacio. Más que una presentación de resultados, este festival supuso una inmersión en los modos de hacer de las y los artistas participantes, donde cada actividad funcionó como una puerta de entrada a un proceso distinto: archivos atravesados por ausencias, relatos construidos en comunidad, prácticas de transmisión oral, gestos vecinales, cine expandido, música en directo, rituales populares y formas de encuentro en torno a la mesa.
La tarde del viernes 29 de mayo comenzó con la presentación del festival, que situó el espíritu del encuentro y el marco de trabajo de Arte por venir, subrayando la voluntad de abrir los procesos al público como investigaciones vivas en continuo despliegue. La bienvenida anticipó el transcurso de los dos días: un programa en el que ver, escuchar, conversar y participar serían formas complementarias de acercarse a los proyectos. Además, se situó el festival como un espacio de trasvase de una edición a otra, ya que se mostraban los proyectos de la primera edición mientras también estaban presentes los de la segunda. Así, se fue construyendo esa comunidad que se irá sedimentando edición tras edición.
Colofón supone un momento muy emocionante para todas nosotras, porque es el final de la primera edición de Arte por venir. Estamos buscando, en el contexto de fragilidad en el que nos situamos, tener más cohesión como sociedad y eso pasa también por generar un tejido artístico en el que las miradas artísticas se enriquezcan entre sí y nos ayuden a imaginar nuevas formas de estar en el mundo
Lucía Casani
Directora de la Fundación Daniel y Nina Carasso para España
Los proyectos en torno a una mesa
Los proyectos de la primera edición de Arte por venir se desplegaron en Colofón como una constelación de procesos vivos, capaces de reunir memoria, territorio, archivo, ficción, cuerpo y comunidad. La Oficina de Investigación Documental abrió al público Estrategias insumisas para un archivo roto, una invitación a pensar la memoria de las desapariciones forzadas como una construcción colectiva y el archivo como un lugar desde el que interrogar silencios, ausencias y verdades pendientes. En esta actividad pudimos conocer desde los procesos de trabajo hasta la vida de personas que fueron desaparecidas en los años de la Guerra civil o del franquismo, pasando por cómo viven el estudio de estos archivos un grupo de escolares. Oliver Laxe compartió el documental Un presente de cabras, un proceso enraizado en Os Ancares que vincula arte land art, ganadería extensiva, cuidado del paisaje y nuevas formas de arraigo rural. Tras el visionado, el público tuvo la oportunidad de charlar abiertamente sobre el proyecto y el movimiento agrícola y vecinal alrededor del mismo. Lorenzo Sandoval y Zineb Achoubie, comenzando con una ceremonia de azahar y unos dulces árabes, presentaron Mantel 01: La Casa de los Engarces, donde textiles, ceremonias, películas y gestos colaborativos trazaron puentes entre el norte de África y el sur de Europa. Toda la sesión estuvo acompañada de la música de Amine Achoubie, que tomó protagonismo posteriormente, en el cierre de la jornada con Sonic Costellations, un viaje sonoro en vivo que hizo convivir memoria, raíz e improvisación pasando por el mawal andaluz para abrirse hacia melodías andalusíes, resonancias flamencas y ritmos gnawa impulsados por el guembri.
El sábado 30 de mayo comenzó con la proyección de la pieza audiovisual Marfantes, del proyecto liderado por Anna Moreno. Esta ficción especulativa sobre el Delta del Ebro situada en 2099 muestra cómo el cine puede convertirse en una herramienta colectiva con la que imaginar futuros posibles ante la emergencia climática. Tras el visionado a tres pantallas, Anna Moreno y la montadora del film Mónica Cambra recibieron el feedback del público para finalizar el montaje. A continuación, Agnes Essonti Luque y Agnès Agboton transformaron la cocina en un espacio de memoria, afecto y transmisión oral a través de Una práctica de compartir, preparando kondre, un plato del oeste de Camerún, mientras compartían lecturas e historias vinculadas a sus abuelas, sus cocinas y sus alacenas. Después, Fermín Jiménez Landa activó junto a vecinas y vecinos de Delicias la Cacerolada espantatormentas, una acción sonora inspirada en el tentenublo que trasladó al contexto urbano un antiguo gesto popular de protección colectiva. El recorrido condujo al público hasta la Sala Marina, donde el banquete se convirtió en una de las grandes imágenes del festival: una mesa común en la que la comida, los objetos, los relatos y las acciones de cada artista hicieron presentes sus investigaciones desde un lugar cercano, sensorial y cotidiano.
La jornada continuó con Romería Update, de Miralda, en conversación con Nerea de Diego, un recorrido por exvotos, altares, reliquias, ofrendas y otros objetos capaces de condensar deseos, activar narrativas y tender puentes entre rituales tradicionales y lecturas contemporáneas. Como cierre de los proyectos, Olmo Cuña y Clara Brea presentaron Fiebre, una performance audiovisual y sonora a partir de los materiales generados en un taller de cine experimental y las grabaciones de campo en Aboño, Asturias, sonido en directo e imágenes en movimiento exploraron las relaciones entre cuerpo, paisaje e industria. En conjunto, todas estas propuestas hicieron de Colofón un espacio donde el arte se ofreció como forma de escucha, cuidado, imaginación y encuentro; una mesa abierta desde la que ensayar otras maneras de recordar, habitar y compartir el futuro.
El festival concluyó con un DJ set de Oumoukala, quien transformó el cierre en celebración. La música ofreció un último espacio de encuentro informal entre artistas, participantes y público.
Conversando entre pares
Además de abrir los procesos al público, durante el encuentro, se llevaron a cabo conversaciones por pares entre los proyectos, centrándose en una temática concreta que atravesaba la práctica de ambos.
La primera conversación reunió a Agnes Essonti Luque y Fermín Jiménez Landa, cuyas prácticas permitieron pensar el archivo desde el cuerpo, la oralidad, el encuentro y la transmisión. A partir de los proyectos desarrollados durante esta edición, la conversación abrió preguntas sobre cómo se conservan y comparten las memorias cuando no siempre quedan fijadas en documentos, objetos o registros oficiales. La sesión puso sobre la mesa la importancia de los gestos, las voces, los relatos familiares y las prácticas colectivas como formas de archivo capaces de activarse en el presente. Agnes nos compartió su forma de generar un espacio de encuentro a través de la cocina para, partiendo de su propia experiencia, llegar a la historia de otras personas y generar un conocimiento compartido. Por su lado, Fermín explicaba que él, más que generar esos espacios, se incluía en los que ya existían, partiendo de la rigidez de las prácticas establecidas para llegar a otras más artísticas.
La segunda conversación, entre Oliver Laxe y Miralda, permitió volver sobre Galicia como territorio compartido de investigación. Desde sus respectivas prácticas, ambos abordaron cuestiones vinculadas a la despoblación rural, los rituales populares y las tradiciones como espacios de lectura contemporánea. La conversación cruzó la mirada de Laxe sobre los procesos de repoblación, pastoreo y cuidado del paisaje con el largo recorrido de Miralda en torno al ceremonial, la comida, los objetos y las culturas populares. “Estamos rodeados de estímulos y de historias que son fantásticas”, sostenía Miralda. Mientras, Oliver Laxe explicaba su conexión con Galicia y sus prácticas porque allí “en ese espacio, en esa aldea, en ese campo, recuerdo que vivimos en un mundo habitado y mágico”.
La tercera conversación, entre Olmo Cuña y Anna Moreno retomó las posibilidades del medio fílmico como detonador de procesos colectivos situados. A partir de sus proyectos, la charla abordó cómo la imagen en movimiento puede abrir espacios de imaginación y trabajo común en territorios atravesados por la emergencia climática, la transformación del paisaje o las tensiones entre memoria y futuro. Cuña compartió su experiencia en torno a Fiebre y explicó la contradicción de recurrir al súper 8 “para evitar la nostalgia”, atraído por su dimensión material, inmediata y doméstica, así como por la posibilidad de que el propio material fílmico apareciera deteriorado, quemado o atravesado por la idea de calentamiento. Moreno, por su parte, introdujo la noción de “estalgia”, una nostalgia mediterránea por aquello que sabemos que va a desaparecer, término que envuelve su proyecto Marfantes. Desde ahí, la conversación permitió establecer vínculos entre prácticas que entienden el cine no como una herramienta cerrada, sino como un proceso de escucha, montaje y relación con comunidades concretas
Por último, los dos colectivos de La Casa de los Engarces y la Oficina de Investigación Documental (OID) conversaron sobre volver a situar en el centro los relatos que habitan en los márgenes de las narrativas hegemónicas. Desde metodologías distintas, ambos colectivos compartieron estrategias para hacer visibles historias, materiales y saberes desplazados o fragmentados. El diálogo permitió conectar la investigación textil, los patrones, la transmisión cultural y los archivos rotos con una pregunta común: cómo componer relatos más complejos, más plurales y más atentos a aquello que suele quedar fuera. En el caso de la OID, Concha y Diego, representantes del colectivo, explicaron que esa búsqueda pasaba por acercarse al archivo desde otro lugar, a través de talleres, experiencias encarnadas y encuentros que les habían permitido abordarlo desde una mirada más poética e imaginativa. Por su parte, Lorenzo Sandoval y Zineb Achoubie vincularon esa misma pregunta con un ejercicio de arqueología de la memoria, orientado a celebrar la diferencia y a hacer visibles herencias todavía poco reconocidas.
Espacio para las residencias de Arte por venir
En paralelo, el programa de residencias de Arte por venir abrió también sus procesos al público a través de distintas propuestas que exploraron nuevas formas de aprendizaje, convivencia y atención compartida. Mariana Murcia y Sofía Montenegro presentaron Radio Porvenir una radio en construcción como una manera de hacer escuela y poner en circulación saberes, voces y generar espacios de aprendizaje colectivo, mientras que Valentina Desideri y Vito Gil-Delgado compartieron sus investigaciones sobre formas de encuentro, lectura y organización colectiva. Luz Broto, junto a vecinas de la calle Juana Doña, activó Juana Doña 5-6-8, una intervención mínima y poderosa basada en el intercambio de teléfonos entre habitantes próximos, capaz de transformar la percepción cotidiana de una calle y fortalecer sus vínculos. Tras el banquete, María Jerez y Andrea Canepa propusieron una siesta guiada que invitó a detener el ritmo del festival y a entender el descanso como una práctica común, abriendo un tiempo más lento, horizontal y sensible desde el que imaginar otras maneras de estar juntas.
Para no perderse, rastros
A lo largo de todo el encuentro, cada proyecto dejó en el edificio de Infinito Delicias un “rastro”, una pequeña muestra que abrió el proceso de forma más íntima, un “cara a cara” entre proyecto y público.
Con este festival, la Fundación Daniel y Nina Carasso celebró un año de trabajo compartido y abrió un espacio para seguir pensando qué puede hacer el arte cuando se despliega junto a comunidades, territorios y saberes diversos. Durante dos días, Arte por venir dejó de ser solo una promesa de futuro para convertirse en una experiencia concreta: algo que se pudo escuchar, cocinar, conversar, descansar, celebrar y compartir. Esa continuidad ya está en marcha con los ocho proyectos seleccionados en la segunda convocatoria de Arte por venir correspondiente a la edición 2026/2027, que han comenzado a desarrollar nuevas investigaciones en torno a la escucha, los cuidados, las ecologías críticas, el cuerpo como archivo, la memoria y los lenguajes territoriales.