Arte ciudadano
16 julio, 2026
La cultura como refugio climático: espacios para cuidar, imaginar y compartir
Año tras año, el verano bate nuevos récords de temperatura y las olas de calor, cada vez más frecuentes, intensas y largas, están transformando nuestra manera de vivir. Este hecho nos recuerda que el cambio climático ya forma parte de nuestro presente y desde la Fundación Daniel y Nina Carasso creemos que la adaptación no pasa únicamente por transformar nuestras ciudades, sino también por fortalecer los espacios que cuidan de las personas. La cultura puede desempeñar un papel esencial en ese desafío y, además de inspirar nuevas formas de imaginar el futuro, puede convertirse en un refugio donde encontrar bienestar, conocimiento y comunidad. Es por esta razón que apoyamos el impulso de la creación de una red de refugios climáticos para que la ciudadanía pueda sofocar el calor a la vez que habita espacios comunes y comunitarios en los que acceder a conocimiento, ocio o bienestar.
Los refugios climáticos son espacios públicos accesibles que ofrecen unas condiciones térmicas confortables durante los episodios de calor extremo. Su objetivo es proteger especialmente a las personas más vulnerables y reducir los riesgos asociados a las altas temperaturas. Cada vez más ciudades impulsan redes de refugios climáticos que integran bibliotecas, centros cívicos, parques y también museos, centros culturales o salas de exposiciones, aprovechando equipamientos públicos ya existentes y distribuidos por los barrios.
En estos espacios, el bienestar va más allá del confort térmico. La cultura ofrece un lugar donde descansar, aprender, compartir y conectar con otras personas, convirtiendo los equipamientos culturales en espacios de cuidado colectivo. Entenderlos como refugios climáticos supone reconocer que también forman parte de las infraestructuras que fortalecen la resiliencia de nuestras ciudades y garantizan el acceso a la cultura incluso en un contexto de creciente emergencia climática.
Con esta convicción, desde la Fundación Daniel y Nina Carasso apoyamos proyectos que exploran nuevas formas de conectar cultura, sostenibilidad y participación ciudadana. El pasado mes de mayo, el Círculo de Bellas Artes, con el apoyo de la Fundación, celebró unas jornadas en las que participaron más de 30 instituciones culturales de todo el país para reflexionar sobre la posibilidad de impulsar una red de refugios climáticos en espacios culturales. De aquel encuentro surgieron preguntas fundamentales sobre el papel que puede desempeñar la cultura frente a la emergencia climática y sobre la capacidad de las instituciones culturales para fortalecer la vida en común en nuestras ciudades.
Proyectos que imaginan un verano más habitable
Nuestro compromiso con la adaptación climática también se refleja en el apoyo a iniciativas que experimentan con soluciones creativas para hacer frente al calor desde el arte, el conocimiento y la participación ciudadana. En la convocatoria Componer saberes para imaginar y construir futuros sostenibles de 2025 comenzamos a apoyar proyectos como Departamento de Umbrología y Bailar el Agua, que exploran nuevas maneras de relacionarnos con el espacio público y con los recursos naturales con el objetivo de contribuir a ciudades más habitables y resilientes.
Ambas iniciativas exploran formas de afrontar la crisis climática a través de nuevas maneras de convivir, aprender y cuidar lo común. La cultura ofrece un terreno privilegiado para ensayar estas respuestas, conectando creatividad, conocimiento científico y participación ciudadana. El Departamento de Umbrología aborda la crisis climática desde el urbanismo, las prácticas artísticas y los estudios ambientales. Entre sus iniciativas, explora nuevas fórmulas para pensar la habitabilidad urbana del futuro, ampliando la imaginación pública y política de la adaptación climática: entre ellas la creación de prototipos temporales y móviles de sombra que ofrezcan protección frente al calor y permitan generar también espacios de disputa y cuidado colectivo. Por su parte, Bailar el Agua toma como punto de partida fiestas populares en las que el agua ocupa un lugar central, como la Batalla Naval de Vallekas, y plantea si estas celebraciones pueden funcionar también como refugios climáticos. De este modo, invita a pensar estos refugios más allá de los espacios físicos, atendiendo también al confort térmico, los vínculos comunitarios y las prácticas colectivas de cuidado.
Ante la necesidad de que las ciudades sigan adaptándose a un clima cada vez más extremo, los refugios climáticos culturales representan una oportunidad para repensar el papel de los equipamientos públicos. Desde la Fundación Daniel y Nina Carasso seguiremos apoyando proyectos que entienden la cultura como un bien común capaz de generar bienestar, fortalecer la resiliencia colectiva y contribuir a un futuro más justo, sostenible y habitable para todas las personas.