Retos

EL RETO DE LA ALIMENTACIÓN

Alimentar al mundo y preservar a la vez los recursos del planeta constituye un reto primordial para la humanidad. Efectivamente, numerosos estudios científicos demuestran con mayor certeza que el sistema alimentario actual (englobando a productores, procesadores, distribuidores y consumidores) plantea serios problemas  de sostenibilidad en los siguientes planos:

  • Ambiental, ya que degrada la calidad del suelo[1], consume y contamina cada vez más un agua que se hace más y más escasa[2] y es responsable de un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero;
  • Socio-económico, ya que 500 millones de agricultores no logran vivir dignamente de su trabajo;
  • Nutricional, porque la mitad de la humanidad sufre las consecuencias de una mala alimentación: casi mil millones de personas están desnutridas, otros mil millones padecen carencias de algún tipo y 1,4 mil millones padecen sobrepeso y obesidad.

A largo plazo, este sistema alimentario, que altera los recursos naturales y humanos esenciales para su mismo funcionamiento, pone en peligro los avances de las últimas décadas e hipoteca la capacidad de la humanidad para alimentarse.

Ello es aún más acuciante si se tiene en cuenta el aumento de la población: actualmente hay 7.000 millones de personas que alimentar, que pasarán a ser 9.000 millones en 2050.

El reto de la alimentación requiere por lo tanto un replanteamiento global de la cuestión y la renovación de nuestros modos producción y de consumo.

La comunidad científica reclama, en consecuencia, un cambio de paradigma que permita la implantación de un sistema alimentario sostenible. Éste no podrá aparecer, sin embargo, mientras la sociedad no se organice y no encomiende a los agentes del sistema alimentario la consecución de unos objetivos fundamentales. Para ello, se deben abordar los tres retos esenciales que se describen a continuación:

Un sistema alimentario es un tema de estudio complejo, multidisciplinar, que a menudo contraviene el sentido común y las convenciones; integra a la vez los parámetros ambientales, nutricionales, sociales y económicos que afectan a agentes tan diversos como son los productores, los consumidores y las empresas  de transformación y distribución, y todo ello en una variedad de territorios que cuentan cada cual con sus particulares combinaciones de limitaciones y oportunidades. La comprensión de estos sistemas complejos y el desarrollo de soluciones integrales es el primer reto para lograr la eficacia de las acciones sobre el terreno.

Varios trabajos de investigación han mostrado la necesidad de un cambio en el patrón de consumo de alimentos, como por ejemplo la reducción en el consumo de carne. Estos cambios de hábitos apelan a su vez a factores sociales, culturales, gustativos y económicos, y constituyen un segundo reto de envergadura. Para convertirlos en un proyecto real que involucre a toda la sociedad, deben apoyarse en una visión profunda y global de la alimentación y requieren un trabajo de fondo y una sensibilización a largo plazo.

Esta reorganización del sistema alimentario, a su vez, deberá basarse en una agricultura productiva y sostenible. Algunas innovaciones recientes han abierto la esperanza hacia modelos de producción alternativos, pero los modelos del futuro aún no se han inventado: así, el tercer reto consiste en identificar y difundir las nuevas formas de producción agroecológica, lo que a su vez requiere una intensa actividad investigadora.

 


[1] Según la FAO, aproximadamente 300 millones de hectáreas de suelo están ya demasiado degradadas como para ser cultivadas. 

[2] La agricultura consume el 72% del agua captada por el hombre.