Alimentación sostenible
04 mayo, 2026
Desperdicio alimentario en el campo: hacer visible lo invisible para transformar el sistema
La nueva Ley de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario supone un avance importante para situar este reto en la agenda pública. Reconoce que las pérdidas y el desperdicio se producen a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde la producción hasta el consumo, e incorpora la necesidad de prevenirlos, medirlos y reducirlos. Sin embargo, este nuevo marco normativo abre también una pregunta fundamental: ¿qué ocurre con los alimentos que se pierden antes de llegar al mercado?
Desde la Fundación Daniel y Nina Carasso trabajamos para impulsar la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles, justos y resilientes. En este sentido, uno de los retos más invisibilizados es el desperdicio alimentario desde el origen, aquel que se produce antes de que los alimentos salgan del campo y lleguen a las casas y restaurantes de las personas consumidoras. Comprender qué ocurre en esta etapa, por qué se malgastan alimentos y cómo podemos actuar es fundamental para transformar el sistema alimentario desde su raíz.
A pesar de su importancia, las pérdidas en origen siguen siendo las menos estudiadas de toda la cadena alimentaria. En España, se han dado avances importantes en la medición del desperdicio en fases posteriores, como muestra el Informe del Desperdicio Alimentario en la Industria y la Distribución en España (MAPA, 2024), pero aún falta conocimiento y medición sobre lo que ocurre en la producción primaria, lo que hace que subestimemos este problema real.
Cada año, millones de toneladas de alimentos se pierden en la etapa de producción y recolección sin siquiera llegar a entrar en los circuitos de comercialización. Según el informe Driven to Waste: The Global Impact of Food Loss and Waste on Farms (Impulsados al desperdicio: el impacto global de la pérdida y el desperdicio de alimentos en las explotaciones agrícolas), publicado por WWF (2021), alrededor del 40% de los alimentos producidos a nivel global no llegan a consumirse. Esto equivale a 2.500 millones de toneladas anuales: un dato que evidencia un grave problema.
Estas pérdidas tienen un impacto ambiental, social y económico considerable no sólo en los alimentos desperdiciados por sí mismos. Según datos recogidos por FAO y WWF, debido a este desperdicio se malgastan hasta 250 kilómetros cúbicos de agua al año y se generan 3,3 gigatoneladas de emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen a acrecentar la crisis climática que ya atravesamos. Todo ello, en un contexto en el que más de 800 millones de personas sufren inseguridad alimentaria, según el informe The State of Food Security and Nutrition in the World (El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo) de Naciones Unidas (FAO).
Afrontar el reto de las enormes pérdidas alimentarias en origen pasa ineludiblemente por hacerlo junto al sector primario y el sector de la distribución, identificando las barreras que impiden un mayor aprovechamiento y diseñando modelos que hagan más viable la actividad, esencial, de quienes nos alimentan
Adrián Gallero
Responsable de proyectos de Alimentación sostenible de la Fundación Daniel y Nina Carasso
En este contexto, desde la Fundación Daniel y Nina Carasso apostamos por iniciativas que visibilizan y abordan las pérdidas alimentarias en origen. Un ejemplo especialmente significativo es LaReAl, Laboratorio de Rescate Alimentario, un proyecto liderado por Narrativas Invisibles con el apoyo de la Fundación, que impulsa en Málaga un laboratorio social de innovación para reducir el desperdicio alimentario en el sector primario y mejorar su redistribución.
LaReAl parte de la idea de que reducir las pérdidas alimentarias en origen no consiste sólo en rescatar alimentos de forma puntual, sino en construir un modelo territorial que conecte al sector primario, las entidades sociales y la ciudadanía para favorecer el acceso digno a alimentos saludables y sostenibles. A través de metodologías participativas, prácticas artísticas y acciones como la Primera Rebusca Malagueña Colectiva, el proyecto cuestiona los estándares de belleza alimentaria que dejan fuera del mercado productos aptos para el consumo y hace visibles los alimentos que no se recogen, las barreras que impiden su aprovechamiento y las alianzas necesarias para redistribuirlos. Así, LaReAl aborda el desperdicio en origen como un síntoma de desconexiones más profundas del sistema agroalimentario local y propone nuevas narrativas y soluciones escalables que reconocen el valor de los recursos, el trabajo y el conocimiento campesino que hay detrás de cada alimento perdido.
Junto a LaReAl, otras iniciativas están avanzando en la misma dirección desde el ámbito de la medición y la generación de conocimiento. Es el caso de Zitroladors, impulsado por Espigoladors en colaboración con WWF España y financiado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que permite cuantificar las pérdidas en cultivos como los cítricos y analizar sus causas. Los primeros resultados muestran que una parte importante de estas pérdidas corresponde a alimentos aptos para el consumo. En el caso de las mandarinas, los datos indican que hasta un 62% de la fruta descartada podría haber tenido salida comercial; en las naranjas, se han identificado también pérdidas relevantes, con un 37% de fruta comestible en los casos analizados.
Los primeros resultados de este proyecto muestran que una parte importante de estas pérdidas corresponde a alimentos aptos para el consumo. En el caso de las mandarinas, los datos de Zitroladors indican que hasta un 62% de la fruta descartada –en su mayoría por su imagen externa en pre-cosecha– podría haber tenido salida comercial. En las naranjas, se estiman pérdidas de cerca de 22.000 kilos por explotación, con un 37% de fruta comestible, según los cálculos obtenidos en las fincas analizadas en Andalucía y Cataluña.
Otro ejemplo, esta vez a nivel europeo, es el proyecto FOLOU, actualmente en una fase inicial, que trabaja para desarrollar una metodología común de medición de pérdidas en producción primaria. Este proyecto responde a la falta de estándares compartidos y al hecho de que las pérdidas en origen no estén plenamente integradas en los sistemas oficiales de medición europeos. A través de estudios de caso en condiciones reales, FOLOU busca mejorar el conocimiento y facilitar herramientas para su reducción.
Reducir el desperdicio alimentario en origen requiere una mirada sistémica. Implica repensar los estándares comerciales, equilibrar las relaciones en la cadena alimentaria, fortalecer los canales de proximidad y mejorar las herramientas de medición. Pero, sobre todo, implica reconocer el papel central del campo en la transformación del sistema alimentario. Porque sólo haciendo visible lo invisible, y basándonos en datos rigurosos, podremos avanzar hacia un modelo que cuide tanto de las personas como del planeta.